BALE, CADáVER EXQUISITO

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Cuando sólo quedaban unos 15 minutos, al errático y desquiciado Benítez se le ocurre cambiar a Bale. A partir de ese momento aparecen todos los jugadores madridistas que son carne para gusanos, cadáveres futbolísticos como Isco, Kroos, Benzema, Kovacic y el propio Ronaldo, que desaparecen entre las brumas de Ucrania. En 11 minutos, el Real Madrid recibió tres goles y se convirtió en el hazmerreír al que nos tiene acostumbrados.

Bale se cabreó cuando lo sacaron del campo. Cada día el propio Benítez firma el cheque del galés hacia el Manchester United. Ningún jugador, a excepción de Modric, quiere a Bale. Es patético, condenable y ridículo cómo Isco trata de ignorarle. Jamás le pasa un balón, aunque sea la opción más fácil. El esperpéntico jugador de fútbol sala que es Isco fue un ridículo permanente. Sobre todo cuando, solo ante la portería, pero a 30 metros, se lió como un vulgar jugador de barrio. Y Ronaldo recibió cuatro goles de Bale. Metió dos, pero sigue en su patético ejercicio de esquizofrenia futbolística. Ya ni hablar de Kroos, Benzema o Danilo, que cuando aparecieron fueron patéticos.

Lo que parecía el balneario de Ucrania se convirtió en una pesadilla madridista, sólo porque al irresponsable técnico Benítez se le había ocurrido la idea de proteger a Modric y Bale. Inaudito.

Lo mejor es que Bale cobre el cheque de Old Trafford y se vaya de vacaciones a Gales. Este equipo no lo quiere. Ni sus compañeros, ni  la gente del Bernabéu, ni los "amigos de la prensa".  No lo quiere nadie.  Sólo le defiende un presidente que, precisamente por defenderlo, se lleva todas las patadas de diarios deportivos que, por tantas mentiras y suposiciones, bajan hasta los infiernos en su tiradas, cada día más ridículas.

Una victoria en Ucrania que se hubiera festejado como una resurrección, por los errores de un desquiciado Benítez, se convirtió en el típico pasaporte a la locura blanca, en una deriva que no la salva ni Di Stéfano que está en los cielos.

Recuerdo aquellas palabra de Raimundo Saporta que le decía a Bernabeú: "Si usted echa al entrenador, se habrá quedado sin defensa.  La próxima cabeza no será la del Bautista, sino la de usted, don Santiago". Pero Sánchez no es precisamente Saporta. Ni siquiera falta que baile Salomé: este Real Madrid jamás tendrá paz hasta que Ramos y Ronaldo, los verdaderos dueños del club,  dejan de mandar en Pérez, en Sánchez y… e incluso en Rodríguez, por decir un apellido.

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