BENíTEZ, ESTRELLA NEGRA

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Acudir al Bernabéu es como entrar en la Ciudad Esmeralda del Mago de Oz. Puede ocurrir todo. Incluso que el Real Madrid marque diez goles en el día rojo, en el señalado por la antimadridista prensa deportiva madrileña para acabar con el perverso Oz y su 'hombre de hojalata' Benítez. Pero los monos voladores no se llevaron en esta ocasión al Real Dorothy.

Rafa Benítez, en el banquillo del Bernabéu.

REUTERS

Todo es un disparate en Bernabéu. Un 'speaker' increíble que proclama el nombre de Rafa y se calla, tiempo perfecto para el aguerrido pitido al polichinela Benítez. Inaudito. Pero el delirio continua con el himno del centenario, una aspirante a aria, como si estuviéramos en la Ópera, seguida por una canción hortera de la décima, con el autor de Lady Caca. Y, luego, una sinfonía de pitos y aplausos, entre esa guerra civil que llevan los viejos 'ultra sur',  excomulgados por el presidente que, ante del primer gol del Rayo, en el minutos seis, ya gritaban '¡Florentino dimisión!'.

Y, enfrente, los 'oficialistas fans' del gol sur. Una locura onírica que se derrumbaba por culpa del Adonis de Canillejas, el gran Paco que va a llevar al Rayo a Segunda y que había lanzado a su equipo en el camino de la perdición, con un equipo pasado de revoluciones, demasiado taquicárdico, como colgados. El Rayo nunca salió así de pasado de rosca. Pese a ponerse por delante, al Rayo estuvo muerto por adrenalina de un entrenador que alucino que sea agasajado siempre por los 'gurús' del fútbol, incluso por los piperos, cuando es sólo un pobre entrenador, que se cree algo que no es. Y que presume ser de Canillejas. ¿Y…? Estrambótico, ridículo.

Sólo la ira de los jugadores del Rayo y sus golpes de efectos espoleados por Jémez permitieron que no se produjera el asesinato del 'polichinela', el del 'piampampum', la muerte de Benítez, como tenía prevista la propaganda de los diarios deportivos. 

Ser estrella del fútbol se ha convertido en una casta. Son los nuevos 'varnas' o 'Yatis'. Millonarios caprichosos, intocables como en la India, que han creado un nuevo poder, gracias a la absoluta deificación del fútbol, con su penetración en la televisión mundial. A la casta del Manchester United  no les gusta Van Gaal y se va a tener que ir a la calle. A la casta del Chelsea ya no aguantan a Mourinho y se lo han cargado. Y pasará más tarde o temprano con Benítez, al que los jefes del clan, es decir, Ramos y Ronaldo sentenciaron cuando no llevaba ni un mes en el Madrid. Pues bien, para acabar con este tipo de castas o igual que cualquier otra está el poder de los que pagan para decir ya basta.

Es deleznable que Ramos sea un coladero, que Modric ni entrene, que James siga gordo o que Ronaldo sólo piense en Marrakech o en sus hoteles. Los cuatro goles de Bale, a Ronaldo como a los 'gurús' y piperos, les habrán producido sarpullidos. Pero claro siempre dirán que el arbitro permitió la escabechina y que Jémez es un genio como técnico.

Es de risa. Y, desde luego, claro que sí, me río. David Bowie ha vuelto a grabar una nueva obra maestra llamada 'Blackstar', en la que culpa que su infarto haya provocado que se convierta ya en tan sólo una 'estrella negra'. Lo que es Benítez en la Casa Esmeralda del Bernabéu.

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