Una de las cientos de entrevistas que realicé en el diario Marca fue una muy particular con Ferenc Puskas, ‘Cañoncito Pum’ . Le entrevisté justo en la cafetería debajo dice su casa, cerca de la calle Sainz de Baranda, en frente de El Retiro madrileño, a comienzos de los años 70, cuando ya trataba de ejercer como gran entrenador.  Cuatro años llevaba  como técnico del Panathinakos.

Pancho, como le llamaba Di Stéfano,  me dijo que se había retirado del Real Madrid con 39 años, pero quizá hubiera podido estar dos años más su carrera. ¿Por qué? Porque decía que como le dieran medio metro, todavía las podía clavar –Puskas en húngaro significa “escopetero“- donde quería con su zurda, sin correr. Lo mismo los golpes francos o los rebotes de los córners.

Después de haber visto 50 minutos lamentables de Ronaldo, incluso de echarle la culpa a Carvajal por no haberle entendido un pase horrible y, en medio de unos pitos incipientes, a Ronaldo le dieron hasta tres metros y zapatazo, como Pancho.  Empezó  así una cuenta de hasta cuatro tantos. El segundo, de falta, a balón parado. El tercero, empujando el balón  de Isco, y el último de cabeza, en un córner. En ninguno de ellos, Ronaldo tuvo que hacer jugada, correr o imponerse futbolísticamente. Y me acordé inmediatamente de las palabras el ‘genuino cañoncito pum o pin para estos tiempos de claves’. Ronaldo, como Puskas, podrá jugar hasta los cuarenta años, metiendo goles, pero jamás será el fenómeno de los veinte años. Su nivel siempre será el que lucía Puskas en sus últimos años. Ronaldo está condenado a ello.

Y, por supuesto, siempre que el enemigo haya presentado un claro armisticio, por agotamiento, como el Celta, que, simplemente, no se presentó a la guerra en el segundo periodo. ¿Por qué? Estos equipo que no juegan torneos europeos, no soportan dos partidos de alto nivel en tres o cuatro dias. Se agotaron ante el Villarreal hace unos días y ahora  tenían que soportar la ansiedad del Real Madrid por el inevitable referéndum con su público.

El Celta no podía con las botas en el segundo tiempo y ofreció un espectáculo lamentable física y posicionalmente. Es cierto, que han perdido a Fernández, jugador fundamental y que tenían bajas en la retaguardia, pero su partido fue de condena a los infiernos. El ejemplo de Nolito fue patético. Hizo una enorme jugada cuando aún andaba el equipo fresco. Aspas perdió la ocasión de gol y todo el Celta se fue al camión de la basura, como un equipo sin físico, sin personalidad y absolutamente rendido.

Hay quien dice que fácil es para Ronaldo llegar al Pichichi, aunque siempre es cuando un enemigo débil incluso dimite del partido. Tienen razón. Pero esta es la leyenda tramposa de estadísticas adulteradas que predica el ‘Cañoncito Pin’ de esta época.

Por lo demás, Casemiro aporta orden, más facilidad de balón para el equipo, pero mientras aparezca el premioso Isco… jamás tendrá ganado un centro del campo. Y Lucas Vázquez y Mayoral padecieron el mismo trance del Celta. Tampoco están acostumbrados a jugar dos partidos de gran tensión en el espacio de tres días. Aunque ya estaba telegrafiado el partido con tanto gol, el regreso de Bale y Marcelo y la imagen del ‘Cañoncito Pin’ de las Madeira.

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Por Julián Ruiz en Mar 05, 2016

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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