Más de 60 días ha necesitado Zidane para batir la espuma de sus días como técnico del Real Madrid, en mi recuerdo de mi esnobista favorito, monsieur Boris Vian. Pero, al final, Zidane es como si hubiera recordado que el fútbol “c’est moi (soy yo), Zidane”.

Desde los tiempos de Mourinho, hay que remontarse a aquellos días de vino, rosas y espinas, el Real Madrid no jugaba con su mejor equipo. Jamás. Ni con Ancelotti ni con Benítez. Es decir, Zidane puso en el terreno de juego  la mejor alineación, estrictamente generadora también de las mejores expectativas técnicas y estratégicas.

Zidane, vulgarmente dicho, ha dado con la tecla y, por primera vez desde su apostólico y mesiánico nombramiento, ha demostrado que es un entrenador. Frente al Sevilla jugaron los mejores, posicional y técnicamente. Sin Pepe, sin Sergio Ramos, que enturbian y languidecen el juego defensivo del equipo, sin James e Isco, que paralizan a cámara lenta, con su lentitud, todas las acciones. Y, además, con la devastadora BBC que parece que por fin vuelve a sus mejores días.

Es mucha la diferencia cuando juega Casemiro en lugar de Isco o James. Al final, el Madrid juega como el mejor Barcelona, con el mismo sistema táctico, pero dado los jugadores que tiene no le cabe más remedio. Siempre saltará la voz de cualquier papanatas que diga que Casemiro no es Busquets. Ni falta que le hace. Si le dejan es más técnico y encima es un especialista de cabeza y de pies. Con él, mejora Modric bastante y Kroos una enormidad. Ahora a Casemiro le aplauden, pero con Benítez, le silbaban. Sólo hay que creer en profetas.

Lo ha pagado caro Unai Emery, que para mí es el técnico español que más respeto me produce  junto con Valverde.  Pero con la excusa de sus bajas o no, el Madrid del mejor equipo de Zidane le bailó un chotis, un tango y hasta con sevillanas. Mucha diferencia, aunque parecía que con la tardía llegada del segundo gol hacía tambalear todo un excelente partido. El mejor lance de la era Zidane. Sólo falta que Ronaldo se entone, que no piense tanto en su cuenta corriente goleadora y que Marcelo centre también para Bale y Benzema, además de su amiguito Ronaldo. Se le ve el “plumero” de su limpieza a Cristiano.

Por otra parte, el estado de putrefacción de la Federación, del Comité de Árbitros, del odio que destila Villar a todo lo que no sea su Athletic y su Barça raya en el código penal. Lo del trencilla infante de Lorca en Villarreal ha sido una muesca más de las implicaciones de Gaspart de Sánchez Arminio. Siempre eligen “young turks” para pitar a favor del Barça. A este, hay que preguntarle quien le pagó dos cursos de arbitraje con el inclito Collina, ni más ni menos que en Zúrich. Y es que el pobre Comité Marciano hacía años que no tenía un trencilla en Primera.

En cuanto a Estrada Fernández, lo de menos es que sea catalán- que también por lo que le puedan decir en su casa-, es que el 49%, casi la mitad de equipos arbitrados en casa, no pudieron ganar con el esforzado Fernández. La Federación no es que apesta, es que huele a putrefacción.

Pero Florentino sigue con su policial de reclinatorio, cuando la Liga está en manos de  personajes turbulentos, como el del “premium”, el típico ejecutivo metomentodo que quiere ser el padrino en el bautizo, el novio en la boda y hasta el muerto en el entierro. Pero es que no sabemos. No entendemos que el dinero de la televisión es “premium”. Simeone estuvo inmenso cuando dijo que se sentía a gusto, porque le podían ver hasta los chinos. Los españoles nos tenemos que jorobar, pero que los asiáticos se sientan a gusto.

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Por Julián Ruiz en Mar 20, 2016

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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