¿DONDE ESTA EL DIOS MESSI?

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ATLETICO DE MADRID 1 1 BARCELONA
¿DONDE ESTA EL DIOS MESSI?

El fútbol es como una maravillosa esquizofrenia. Cuando el Barça parecía caerse en el precipicio que ha propiciado el lánguido Valverde, apareció el “niño malo”.

Dembelé salvó a su equipo, pese a estar castigado por todos todos los “obispos” del orden catedraliceo azulgrana. El perverso, el rebelde salvó a su equipo de un descalabro, que tras la ignominia del partido contra el Betis hubiera metido al Barça en una profunda depresión. Quizá no tan demoledora como la del Madrid, pero inequívocamente en una zona de psiquiatra importante.

Ya he escrito en muchas ocasiones sobre mi teoría que es Valverde el auténtico responsable que proporciona al Barça ese estado de aburrimiento, de sopor psicológico en el juego, dado el sistema bajo neuronal de semejante técnico.

A veces, le han salvado apuntes puntuales de algunos maravillosos jugadores, pero es que en la situación actual, Messi ya no hace tantos milagros. Le quedan menos dados los años de constante llamada al cielo.

A Mesi he visto hacer el peor partido de los últimos tiempos. Sin esa electricidad que electrocuta a los rivales. Sin ni siquiera estar enchufado a esa máquina perfecta a balón parado que sale de su pierna izquierda. Aunque dicho todo esto, creo que el Barça no mereció perder. Ni ganar. Correcto.

¿DONDE ESTA EL DIOS MESSI?Dicen que cuando el Dios del fútbol se aburría creó a Simeone para que el futbol se agitara, tuviera la fiebre suficente para que el juego fuera taquicardico, desenfrenado, irrespetuoso, con resultado imposible de evaluar.

Diego Costa tendrá o no tendrá el momento más feliz de su carrera, pero es el intrínseco discípulo de la filosofía de Simeone. Es rudo, bronco e insoportable en el área enemiga. El de Lagarto no había hecho un gol en la Liga y apareció en un córner, probablemente, en jugada ensaya, que picó el Barcelona, porque quien saltó con él fue Rafinha. Ya me dirán ustedes. Me recreo en la jugada, porque con el fútbol visceral, colérico que imprime Simeone a su equipo, el destino se resuelve en un par de jugadas. Como la de Diego Costa. Pudo valer, inmerecidamente, pero Dembelé se rió de los monaguillos azulgranas.

El rabioso inconformismo de la hinchada atlética es que no pueden comprender como jugadores como Saul, Griezmman e incluso Lamar se infravaloran en la perversión táctica de Simeone, con ese sistema tan exagerado defensivamente. El Atlético, a veces duda de que Simeone de el paso decisivo para ser el gigante que pueda derrocar finalmente el imperio azulgrana en la Liga. El miedo es el estigma del aburrimiento.

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