Es un peculiar espectáculo poder observar a Simeone en lo que ahora llaman zona técnica. Empieza el partido sentado en el banquillo, pero a los dos minutos ya no puede más y se va "hacia la cancha".

En ese rectángulo del que no puede salir parece una maravillosa fiera enjaulada. Va de un lado hacia otro, se mueve muy nervioso. A veces salta como si fuera un baloncestista. En otras ocasiones protesta, alza los brazos, escupe, se indigna y, por encima de todo, parece Von Karajan dirigiendo a su afición, que berrea con su líder. El lado derecho de su zona está más gastado que todo el césped de su retículo. Es obvio que la pasión se ceba en el lado derecho, su favorito, que es donde juega asiduamente su equipo en la primera parte, si la moneda no le hace una mala jugada.

Simeone, en la banda del Vicente Calderón. | Efe

Cuando llegaron los penaltis, sin embargo, se movió poco, como si hubiera perdido su inquebrantable fe en el éxito. Es posible que al fallar Raúl García el primer lance, su jugador favorito para los penales, sintió la amargura del drama próximo, pero no dejó de ir de un lado hacia otro. Hasta la catarsis, el gol de Torres y el fallo germano. El éxtasis.

Simeone había resuelto un papeleta muy difícil. Porque había tenido que enfrentarse a un equipo que es un calco, bueno, es como un primo-hermano, un siamés, el puñetero Bayer Leverkusen. Ataca directo, defiende sensacional, no deja de luchar un balón y es tan incómodo, pegajoso y guerrero como el Atlético. Es el tipo de conjunto que peor puede padecer el estilo Simeone. Encima, a Simeone no le salió bien o demasiado bien la operación Cani, Griezman estuvo más innocuo que en otras ocasiones y Mandzukic, contra alemanes, es demasiado conocido para que puedan sorprenderse. 

Quizá en los penaltis Oblak se definió como el espejo de buen portero, que lo es. Tuvimos la sorpresa de un Arda Turan, que aguantó bastante bien la prórroga, a pesar de sus esguinces en el aspecto físico y Mario Suárez es un jugador que todavía se podría reciclar en el papel fundamental de Gabi. Habría que estudiarlo.

Cuando los equipos de Simeone avanzan en las competiciones, crecen en poderío y se consideran candidatos hasta llegar al final, con el mejor objetivo. Se hacen gigantes. Por otra parte, sin casi darnos cuenta, este Atleti huye como alma que le persiga el diablo, ante ese complejo de ser 'El Pupas'. Es un apodo que casi se pierde entre las brumas, la humedad y el frío del Manzanares. Como una pesada niebla.

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About the Author

Por Julián Ruiz en Mar 17, 2015

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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