EL FUTBOL EN EL HOSPITAL

EL FUTBOL EN EL HOSPITAL

El fútbol sigue sin futuro. Es esperpéntico escuchar, leer, el fuego cruzado entre la Federación y la Liga Profesional, amén de haber vendido los cuerpos del coronavirus antes de cazarlo.

¿Como se atreven a pronosticar que en junio vaya a reanudarse la Liga?. Desgraciadamente, el mundo está repleto de patéticos profetas, encabezados por Donald Trump y Boris Johnson, que llevan a sus grandes países al más absoluto caos. No quiero habla del “doctor” Sanchez.

La FIFA también ha anticipado el desbarajuste que provocará la suspensión de la ventana anual de fichajes veraniegos. Costará más de siete mil millones. Será un mercado imposible, cuando ni siquiera nadie sabe si se acabará la temporada actual.

La FIFA aseguraba que no pondría una fecha límite en ninguna liga para terminar la temporada actual y que también aprobaría cualquier solicitud para cambiar las fechas del mercado del verano.

La naturaleza vertiginosa de los eventos provocados por el coronavirus ha llevado a un raro período de decisiones excesivamente precipitadas, provocadas por la angustia económica. Ahí están las rebajas del chino presidente del Español y las de Barcelona y Atlético de Madrid, absolutamente asfixiados económicamente.

EL FUTBOL EN EL HOSPITAL
Se necesitaría establecer dos objetivos clave. En primer lugar, definir estrategias certeras para que los jugadores regresen al campo de manera segura. En segundo lugar, administrar con cabeza las las finanzas del club en este momento de crisis social y económica.

Entre tanto desconcierto, me ha conmovido la decisión de convertir en hospital el maravilloso Maracaná, la catedral del fútbol mundial. Camas, oxígeno, medicinas y médicos en el Vaticano del fútbol, entre la zozobra, el grito de desesperación de la organización futbolística. Mientras el Bernabéu se convierte en un almacén médico. Signo de los tiempos del virus.

Hace semanas, en el lugar antiguo donde estaba Olimpia, en un simulacro de estadio, cubierto de margaritas y otras flores de primavera, bajo un cielo despejado y el canto de los pájaros, se encendió la llama olímpica, ciertamente sin espectadores, como si nada hubiera sucedido. Ahora incluso esa misma lámpara se ha apagado.

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