La gran pregunta se cierne día a día como una losa: ¿Llegará Zidane a mayo? Yo tengo mis dudas. Son bastante menos numerosas que las del triste francés, que duda, duda, después duda y acaba dudando de todo, hasta de su continuidad unas pocas semanas más, como el mismo comentó en rueda informativa.

El Madrid no respira. No sale de una crisis larga de juego, de intención, de tener una idiosincrasia propia. No sabemos que es el Madrid de Zidane. Es todavía menos reconocible que el de Benítez, que ya era decir. Ni siquiera se parece al de Ancelotti, que para muchos es el gran culpable de la pereza, atonía y estrellismo que siembran como calabazas en en este camposanto madridista.

Lo peor es que el Madrid está repleto de ‘pecadores’. Ramos es uno de los epicentros de la crisis de identidad madridista. Marca de cabeza, pero a balón parado, ante una pobre Unión Deportiva, que llegó a quemarse vida, sólo en los saques de esquina, con el castigo en el fuego final de Casemiro. Ramos había estado patético en el gol canario, rematado por su dislate con su expulsión. Es lo menos parecido a un capitán. Sin embargo exigió al indolente Pérez sus 10 millones por temporada, casi vitaliciamente.

A Ronaldo ya no le queda ni el nombre de Cristiano. Es otro pecador y sin indulgencias. Llega tarde a todo, fuera de casa, pierde todo olor u olfato de poder meter un gol. Algún día alguien, más cercano a un estadista, llegará a explicar la verdadera razón del por qué en sus siete temporadas blancas,  no ha ganado más que una Liga y ha perdido toda la hegemonía o liderato en el fútbol. No hace falta señalar al gran egocéntrico, al narciso que le preocupa más su cuenta de goles que los resultados del club que le paga. He sido claro durante años y llevo los mismos años denunciándolo. No hace falta señalarlo. Sólo lo recuerdo.

Con esos dos personajes que se creen los dueños del Madrid, el equipo deambula con milagros de Navas, que salva lo que puede salvar y un par de ‘refuerzos’, apartados primero y resucitados, como si Zidane los hubiera inventado. Son Casemiro y Lucas Vázquez, que para vergüenza de piperos y gurús, eran jugadores estandartes de Benítez, al que castigaban como entrenador miedoso. Son los mismos gurús que ahora no paran de hablar bien de ellos, porque, claro, los impone Zidane, que reclamaron como salvación. Fue un acto miserable con Benítez, como se demuestra en estos días. El negro es el color de Zidane.

Me parece imposible que este equipo pueda llegar siquiera a semifinales de Champions. Ni siquiera si los ‘zidanistas’ rezaran con ese dios del fútbol directamente. Tal como jugó el Madrid en Gran Canaria, zarandeado, burlado, castigado y abochornado por la Unión Deportiva, sólo merece el castigo de nuestra más absoluta repudia. Aunque la amenaza llega con el Sevilla. Es un esperpento que Casemiro, el viejo cáncer de Benítez para los gurús, salvara al Madrid, justo al borde del más calamitoso de los bochornos vividos en las islas.

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Por Julián Ruiz en Mar 13, 2016

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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