EL SUICIDIO DE RONALDO

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EL SUICIDIO DE RONALDO

Escribía hace unos días: Ronaldo se mete en el oscuro túnel del “catenaccio”, del calcio. Un gol le costará el doble y con casi treinta y cuatro años. Un suicidio profesional en el eclipse de su carrera. Ha cambiado del blanco… al blanco y negro  como el nuevo taoísta de Turín. Entre el “yin” que siempre será blanco y ese negro que es el lado oscuro del “yang”. Perverso argumento de George Lucas para desarrollar su “lado oscuro de la fuerza”. Por poner un ejemplo popular. Ronaldo ha pasado de ser un “jedi” blanco a una especie de Darth  Vader.

Las consecuencias de su grave error  de egomanía, ya se han dejado sentir. Huelga en la Fiat para la próxima semana, porque el populista sindicato turinés le parece inaceptable que tras años de pedirle sacrificios la empresa, dilapide cientos de millones de euros en un futbolista. Comprensible.

No soy un fan de las redes sociales. Me importan un pito. Porque son pozos de escoria humana, pero en tan sólo un día, Ronaldo perdió más de un millón de seguidores en ese pajarito cotorra de Twitter.

Por  si fuera poco, Mandzukic, el nuevo héroe de Croacia, advierte de la irrupción de una estrella en el vestuario juventino, donde él cobra veinticinco millones de euros menos que el astro de Madeira: “Que corra él y que sus treinta millones marquen los goles”. Un amigo me decía que pronto Ronaldo proclamará “que no se siente querido” en ese museo egipcio de momias de la capital turinesa”.

EL SUICIDIO DE RONALDO

Si exponemos los justos términos de las claves del fútbol. Italia puede resultar el mismo infierno de Dante. En una liga menor donde sólo importa no perder, donde casi ningún equipo juega con dos jugadores por delante del balón. Un calcio de devotos del “cerocerismo”. Encima en una Liga menor, la quinta en la escala europea. Un Ronaldo que no sé hasta  punto podrá aguantar la violencia y marrullerías de un fútbol subterráneo sin imaginación. Como podrá vadear los insultos y perversiones de los “tifossi”, quizá los más violentos  e inescrutables de Europa, que no soportarán en otros equipo que el gran Narciso cobre treinta millones de euros. Una cifra incontestable, porque la Juventus, tiene que airear las cuentas por cotizar en bolsa.

Todo ello sería “pain perdu” si nuestro Superman Narciso estuviera en la mejor etapa de su carrera. Ha perdido velocidad, tino, frescura, porque jamás ha existido el elixir de la juventud. En Turín, como Dorian Grey, verá como su cuadro idílico de “soy rico, soy guapo, soy el mejor” se deteriora con manchas horribles. Por mucho que su “Fausto” particular, ese Mendes que pacta con el diablo, trate de salvarlo. Ciao, mí querido Narciso.

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