LA HORA ZIDANE

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El Real Madrid se ha convertido en el Centro Trágico Nacional. Peor aún. Es como una máquina muy cara, como el Concorde, al que hubiera que jubilar. Pero hay que ser Churchill o Kennedy como en la crisis de los misiles de Cuba. A graves problemas, drásticas resoluciones, incluso defenestraciones.

La tragicomedia es que el Madrid tiene a otro Rajoy en su Gobierno. Incapaz de resolver problemas por la vía rápida, con tenacidad. Con firmeza. A un gran presidente no le debe fallar el pulso y menos la inteligencia. Este Real Madrid actual, con Ancelotti en el banquillo, con jugadores acomodados que lo ven como su papá pusilánime y generoso, sin ninguna mala leche, del que pueden reírse cuando quieran, necesita un cambio brusco, seco, como un disparo en la oscuridad. Por sorpresa.

Pérez todavía está tiempo de defenestrar a Ancelotti y no perder la Liga, la Champions. ¿Cómo? Si Perez confía en Zidane, al que preparaba para el gran cambio en su momento, dado el momento de Ancelotti, la decisión se ha adelantado, se tiene que precipitar, debe ser drástica. Hay que sentirlo, pero decisión tan tajante ha llegado en este preciso  momento.¿Es que Pérez quiere perderlo todo? ¿Es que quiere ser como los tontos contemporáneos que decían que había que renovar a Ancelotti de por vida? Esta no es una crisis. Es el hundimiento, como la película sobre Hitler. Ancelotti ya está instalado en su búnker particular, al que llamaremos el de la ceja, como el de Zapatero. 

LA HORA ZIDANE

Bale y Cristiano, cabizbajos en San Mamés. (Foto: Reuters)

Zidane conoce la plantilla. Es casi la misma que él trató el año pasado. Yo le llamaba el tándem a Ancelotti y Zidane. Esta es la hora de Zidane. Ha llegado, si es que Perez cree que Zidane es el ténico del porvenir madridista, como parece. 

No queda otro remedio. El equipo, ahora mismo, no tiene pulso. Ha entrado en coma. Hasta su encefalograma da casi plano. Es un equipo en que los mejores jugadores del mundo parecen los peores jugadores del mundo. Es una sinfonía total desafinada.

Es un equipo que no tiene portero. Un solo balón a puerta y… para adentro. No tiene delantero centro. Benzema es un mal chiste. No tiene ni cerebro. Hasta Kroos le ha dado un derrame cerebral. Y para colmo, hasta su 'vedette' Ronaldo está como esos gatos que maullar sin pareja, sin gol. Pero basta con echarle la culpa a Bale. Sólo se escucha en el Madrid  música fúnebre. En el nuevo San Mamés oímos el Réquiem de Ancelotti. Solemne, triste y patético. Escuchen el Réquiem de Fauré, mi favorito, y pónganselo con el partido. Es la perfecta banda sonora.

Que más da decirles que casi todos hicieron el peor partido en muchos años, el partido horrible. Es el Madrid un banda desafinada. Es el Madrid  un equipo acomplejado, abochornado por un Athletic que hizo solo un gran ejercicio físico, aunque el comentarista -hincha del Athletic en Canal Plus- dijera que todos los atléticos fueron geniales. Claro que su compañero era peor. Otro 'hooligan' del Barça que se relamía del descalabro blanco, mientras hacía un ridículo esperpéntico con su pronunciación de Kroos. 

Es Florentino quien tiene que pronunciar bien el nombre de Zidane. Aún hay tiempo para que el Madrid no se lleve una goleada en el Camp Nou. Todavía hay tiempo para que el Madrid pueda soñar con la Champions. Todavía hay tiempo. Algo que ya ha desaparecido, se ha perdido como un globo que pinchó hace tiempo y del que no queda nada. Nada, absolutamente nada. Ancelotti es un cadáver viviente como entrenador. Eso sí, con mucha mano izquierda.

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