LA INFELIZ REALIDAD

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Se han dicho tantas tonterías tras el triunfo del Real Madrid sobre el Betis que me parecía un desenfreno absurdo. Se ha dicho que era el Real feliz, el Madrid en forma, el nuevo Real de una nueva era imperial. Por favor, todo porque se le había ganado a un moribundo, al colista Betis. No hay proporción entre las tonterías que se dicen y la infeliz realidad.

El Madrid hizo en Cornellá otro partido horroroso, incapacitado como un equipo sólido y coherente, jugando a rachas, a barlovento de lo que el pobre técnicamente Espanyol le podía hacer sufrir. Un desastre sísmico, un terremoto en el centro del campo con la mediocridad en persona que es Illarra. Sin un regista, Modric es otra inutilidad, que corre sin cabeza por el centro del campo. No es un mediocentro, por mucho que a los gurús del fútbol español les parezca. Una vez más se comprobó fácilmente ante un equipo mejor colocado tácticamente. Como en Chamartín ante casi cualquiera. Incluidos Celta y Osasuna. El dislate táctico del Madrid en la segunda fase agrava la sensación de que Ancelotti no tiene un equipo. Me da pena por Di María, otro innoble recurso en el centro del campo, que no  soluciona absolutamente nada. El Madrid, en los minutos finales, pareció un equipo menor, peor que el Alcorcón en Barcelona. 

Pizzi remata fuera ante Arbeloa, Illarramendi y Casillas. (Foto: Efe)

Gracias a Casillas, que en el uno contra uno, pudo con la mezquita que le pudo hacer Córdoba. Aunque minutos después, achatado, agazapado en su línea de gol, un defecto típico de Casillas, no recibió un tanto por su eterna suerte o santidad. Un Madrid acongojado, incluso cuando Alonso estaba en el campo. Pero yo no veo a Xabi como hace un año. Sobre todo, físicamente. Ni mucho menos.

Es falso que Ancelotti haya formalizado una entidad, una personalidad, un sello de equipo en el Real Madrid actual. Cuando un equipo más o menos bien colocado como el Espanyol, con cierto sentido táctico, que siempre es impulsado por el vasco Aguirre, el Madrid parece un simulacro. Aún más generalizado por esa máquina de perder goles y de inaguantable individualismo que es el narciso Cristiano. A lo mejor hay que inventarse el Balón de Platino para que recupere el sentido de la competitividad, pero vengo avisando que lleva más de un par de meses que entre los fastos y los agasajos está como inaguantable. Y sin goles de Ronaldo, el Madrid es como un bote a la deriva en plena tormenta.

Entre otras cosas, porque a pesar de tener a otro fenómeno como Bale, Ancelotti es tan torpe que no le saca ningún beneficio, acorranlándole en un lado. Y un entrenador que no sabe sacarle provecho a un fenómeno es síntoma de debilidad mental e imaginativa. El Madrid podrá avanzar, ganar de miseria, pero ¿qué pasará cuando se enfrente ante un equipo estrella de Europa? Jamás gusta la realidad.

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