LA SELECCIóN DE LO QUE EL VIENTO SE LLEVó

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Partido a partido, la selección española pierde un porcentaje de atención realmente preocupante. Casi hasta el absoluto rechazo. El mediocre Del Bosque nos lleva a una situación de aburrimiento, de encefalograma plano. Sin constantes vitales ni ningún atisbo de interés.

Del Bosque, en el Reino de León. | Afp

Cada día que pasa, la selección se parece más a Del Bosque, el hombre del traje gris, el típico funcionario correcto que acude al cargo como chupatintas. Hace más de dos años que esta selección maravillosa, genial, sensacional, la de Luis Aragonés, ha pasado ser la selección del aburrimiento, la selección de los nuevos burócratas del fútbol, como su jefe de oficina Del Bosque.

Nadie duda de que San José, Koke, Aleix Vidal, Nolito y Alcacer son buenos jugadores. Pero es como si llevaran el retrato de la menudencia, de la supina cutrez, de la insignificancia. Son jugadores que jamás serán estrellas, marrones, oscuros, dados de alta por un seleccionador sin personalidad. Esta es la colección de un mediocre técnico.

Hasta Costa Rica, que no pasa de ser un tercera división en el fútbol mundial, nos dio un repaso de fútbol moderno, de proyección táctica, de vigoroso empuje o de técnica con el balón y sin balón. Al menos, con un ritmo, que en el segundo periodo parecía que iban en moto y el equipo de Del Bosque en bicicleta. ¿Por qué no ganó Costa Rica? Porque no tiene la suficiente calidad para hacer goles, que es lo más difícil en el fútbol actual.

El último caso pésimamente resuelto por Del Bosque y sus capitanes Casillas y Ramos ha sido el caso Piqué. Los medios más reaccionarios, más "frikis", como programas de televisión de indigentes intelectuales, han querido vomitar veneno en contra de una frase estúpida e incoherente de Piqué en un revanchismo de la roja nacionalista, patriótica y de las JONS. Es tan ridículo que han convertido al pobre Piqué en el Ramón Mercader del comunismo. Absurdo y parapléjico. Pero así están los "acomodados" de Brasil como ya les llaman a Del Bosque y Casillas, con su secuaz Ramos. Tres personajes que hacen un daño a la selección y, particularmente, su equipo de los amores, tan absurdo como obsesivo. Como si hubieran pasado al lado oscuro de la fuerza de Star Wars.

En realidad, es una selección a la que se la ha llevado el viento, que es como la que el viento se llevó. La frase final de la película más famosa de todos los tiempos, "Lo que el viento se llevó" acaba bajo la indiferencia: "Frankly, my dear, I don´t give a damn" ("Francamente, querido, me importa un bledo") . Eso es lo que importa ya la selección. Gracias Villar, gracias Del Bosque, gracias Casillas.

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