Luis Enrique es como un niño mal criado al que le han dado un maravilloso puzzle para que lo recomponga. Entre su escasa imaginación, su caprichosa voluntad y su constante inseguridad por desconfianza de intelecto, ha manejado las piezas con violencia, sin orden. Además, ha hecho garabatos en algunas de ellas. Ha tenido que volver a mirar a la foto del puzzle que está en portada de la caja. Ese Barça que debe presionar muy arriba, con la repetición en alineaciones.

Luis Suárez se lamenta tras una ocasión fallada. | Reuters

Pero se ha dado cuenta de que todavía no ha dado con algunas piezas o figuras decisivas. Por ejemplo, el gran ordenador del juego. Rakitic es raquítico como organizador, no aprueba en la ideología barcelonista. Es un media punta y jamás será un organizador. Al final, terminó Xavi en su puesto. Tampoco ha colocado Luis Enrique a Iniesta en esa foto perfecta. Y no sabe dónde colocar a Luis Súarez, que vaga como alma en pena de delantero centro, hasta que se convierte en una bestia enjaulada, histérica y colérica, porque apenas tiene espacio para marcar. Terminará con Pedrito. Pero como tampoco encaja Luis Súarez, coloca a Messi en un lugar inapropiado. Messi puede ser fantástico de extremo derecho frente al Elche, frente al Coruña, pero jamás frente al actual Atlético. Messi pierde casi el 30 por ciento de su poder ofensivo, escorado hacia la derecha, como un penitente.

En definitiva, casi estamos a mitad de temporada y Luis Enrique no madura. Ha dejado de protestar, pero no sabe encajar las piezas. No sabe cómo hacerlo. Tampoco le han dejado hacer otro puzzle que no fuera el tradicional. Así que el Barça es un monstruo con caries en sus dientes, incapaz de pegarle un bocado al intrigante Atlético, que no empató a cero porque Busquets es un actor formidable en las caídas. Nadie duda de que le tocara Juanfran, pero exageró hasta la locura para que le pitaran penalti. Cuando lo hace en el centro del campo es su tactica teatral para sacar tarjeta al contrario. Es un jugador mezquino y deplorable.

Simeone tiene tal estructura en retaguardia que es casi imposible hacerle un gol. Yo diría que imposible cuando repliega esfuerzos. Sólo se le castiga a balón parado o con castigos máximos o mínimos. Pero el grave problema para Simeone es que ya no dispone de su gran Billy El Niño, el mejor ladrón de goles que ha habido en el continente rojiblanco. Ya no está su maravilloso Diego Costa. Y creo que duda demasiado entre Torres y su favorito Mandzukic. No debería dudar, pero se castiga. Y Griezmann y Arda siempre deberían estar en sus devaneos. Por tanto, no logra que sea aquel el Atlético que te apuñalaba por la espalda sin que te dieras cuenta. Aun así, este demonio de Atlético o demonio Simeone no está eliminado. El Manzanares es la isla Tortuga de los piratas rojiblancos.

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Por Julián Ruiz en Ene 22, 2015

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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