LOS BECERRO DE ORO

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FC BARCELONA 1 1 REAL MADRID

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Unos instantes después de que el ángel exterminador, llamado Sergio Ramos apareciera una vez más en juicio final de un partido, pudimos ver la cara de Puigdemont en la pantalla. Fue la misma imagen de la tragedia, del espasmo ante una mala noticia. Como si hubiera perdido la presidencia de la Generalidad o que ya no podía tocar más la guitarra, como aquel día en que se arrancó con su eléctrica, con un “blues”, una “tristeza” con Sopa de Cabra, un grupo con clara referencia al viejo álbum de los Rolling Stones. Era el rostro de que no se puede uno salir con la suya. Al final, el lance acabó como debía, con un empate.

Es brutal la diferencia de este Real Madrid sin Kross ni Bale. Claro que son sus dos mejores jugadores, su “duo dinámico” con el que riegan la “flor” de Zidane, que ha vuelto a tenerla, como si se tratara de su nimbo. Pero ya se sabe que cuando se produce la combinación entre nimbo y aureola se llega a la gloria para mayor veneración por Zidane. El técnico francés es como el Cristo de Cerón, con ocho estrellas representadas por capullos de flores de seis pétalos.

El partido fue obtuso, confuso y difuso. Con dos clubs con juego grisáceo, más acentuado en el equipo de Luis Enrique. El asturiano emborrona más el cuadro de Guardiola. A cada partido, a cada lance desaparece aquel Barcelona glorioso con el triángulo mágico de Xavi, Messi e Iniesta. La Santísima Trinidad azulgrana, adulterada por la triada de los Tres Sudamericano, más vulgar y pestilente, con un Neymar que ya no es ni Robinho. Ha bajado al escalón de Sony Anderson. ¿Se acuerdan?.

Aún sin Kroos ni Bale, el Real Madrid sujetó y mostró empaque y superioridad con el juego de los dos croatas, Modric y Kovacic, con un pobre Busquets que era ahogado, anestesiado por la pobreza organizativa de un irreconocible Rakitic y la perla más desastrosa del Dr. Robert, el secretario, el ínclito Roberto, que fichó a Andre Gomes por 60 millones. Un fichaje para denunciarlo en los tribunales del fútbol.

Si me preguntan por Ronaldo, pienso que sí le afectó lo que se le viene encima con toda la verdad y la codicia del dinero. Le sentí anhelado, preocupado. Todo lo contrario de nuestro amigo Benzema. Ni preocupado ni interesado, el indolente ariete hizo el peor partido de la temporada, si es que ello es posible. Su valedor Zidane lo aguantó hasta el mismo infierno, cuando Mariano es ahora mismo mejor que él diez veces. Menuda injusticia. Zidane hizo mal hasta los cambios como es costumbre. Cuando metió en la lanzadera a Casemiro, el Madrid bajó a las catacumbas. Mariano salió demasiado tarde. Y debió quitar a Isco y Lucas Vázquez a comienzos del segundo periodos rehenes sin ritmo de competición, con demasiados minutos para luchar. No están acostumbrados a semejantes envites físicos.

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Si me preguntan por Clos Gómez hizo el perfecto arbitraje de un juez que se retira. No se comprometió en ni uno sólo de los cuatro penaltis que se produjeron en el lance. La justicia es ciega. Lo fue la diosa griega Dice, que aparecía con los ojos vendados y una balanza en la mano. Ni se comprometió con Némesis o su venganza madridista.

Cada día me siento más levita, como aquellos seguidores de Moisés, que al pié del Sinaí adoraban al Becerro de Oro. Los becerros de Oro, nuestros dioses actuales son Ronaldo, Messi, Neymar, etc. El maravilloso dibujante satírico Grandville dibujó una caricatura feroz y maravillosa con un bovino rey, símbolo de la riqueza actual, con un enorme billete, con cetro incluido, que está sustentado por cuatro costaleros en procesión. En la imagen de Grandville los cuatro costaleros son un banquero europeo, un banquero judío, un “pirata caribeño” (¿”De las Islas Vírgenes”?) y una cuarta figura que esconde el becerro. ¿Un representante del que ostenta el globo y la cruz?. Signo de los tiempos.

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