LOS LEONES DE SIMEONE

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Con suspense, con gran intensidad, cantando sobre la lluvia de San Mamés, el Atlético de Simeone demostró que es mejor equipo que el Athletic. Fue el partido más entretenido, más espectacular y más volcánico de los que he visto en esta competición española adormilada. Se suele decir que fue el auténtico aroma de una Copa invernal, domesticada por los equipos grandes. 

Simeone y sus gladiadores se comieron a los leones en el nuevo circo de Bilbao, en el momento justo, en el inicio de la segunda parte, cuando los cachorros menos se lo esperaban. Quizá cuando esos luchadores de Simeone pensaron que la lluvia iba a poder facilitar que se los merendasen los leones de Valverde o, al menos, sus cachorros. Pero los leones fueron domesticados por el domador increíble que tiene actualmente el Atlético. Ese domador que le pueden meter en la jaula a leones, tigres madridistas e incluso panteras azulgranas. Pero siempre saldrá vivo. Con muchos arañazos, pero siempre vivo, con orgullo de domador. Es increíble.

Godín y Miranda celebran el 1-1 en San Mamés. (Foto: Efe)

Quizá Diego Costa con el primer suspiro del partido debió haber solucionado el entuerto, pero es que últimamente, como a todos los goleadores, les cunden las dudas no resolutivas. Al principio, el Atlético debió solucionar la papeleta. No fue así y se encontró con una galerna rojiblanca, con Iturraspe, Herrera, Susaeta y, sobre todo los remates y demonios de Aduriz. Courtois apareció como el ángel de la guarda del domador Simeone, hasta que en un centro dudó, no se fue a despejar de puños y Aduriz saltó mejor que Godín, el que había logrado la ventaja del Manzanares. A partir de ese momento, el Athletic se transfiguró. La tormenta que soportó Courtois fue tremenda. Pero salió como un faro resistente entre la tormenta.

Ignoro de donde aparece esa fría y genial facilidad de Raúl García. Pero es como el goleador exterminador. Parece que no está y resucita siempre con un gol salvador. Es lo más difícil para un defensor. Un liquidador que viene del limbo, como un especialista al que nunca se le puede ver venir. Ese gol de Raúl García acabó con la gran eliminatoria. Ni a Muniain le quedaban fuerzas, a nadie de los cachorros del nuevo San Mamés. Fue como si todos los leones se sentaran en los taburetes de la carpa del domador Simeone. Había que obedecer a ese gran domador de la rabia, pundonor y fiereza. Gran espectáculo. Mucho mejor que el circo.

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