LOS TRES SUDAMERICANOS

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El triunfo del Barça a Luis Enrique se lo contaron o se lo cantaron Los Tres Sudamericanos, que tarareaban aquello de "Me lo dijo Pérez". Es decir, el argentino Messi, el uruguayo Luis Suárez y el brasileño Neymar, los goleadores, los tres tenores de la noche. Es decir, Los Tres Sudamericanos, que fueron la tabla de salvación del amortizado técnico asturiano, con sus días contados, como reo de árbol del ahorcado. Es curioso, porque el grupo Los Tres Sudamericanos era paraguayo. Así que se ampliaba la  zona de influencia. Un medroso Atlético, con el raquítico y ultraconservador dispositivo inicial de Simeone  en el Camp Nou provocó el accidente de que Juanfran fallara lo inusual y Neymar se aprovechara con la angustia del goleador.

LOS TRES SUDAMERICANOS

Suárez, Neymar y Messi celebran el 3-1. | Reuters

En Palermo, en el barrio bonearense, hay una tienda llamada 'Santo Pecador' donde se vende bisutería y signos de heavy metal. Uno se queda a gusto si quiere perfilarse como un fan de AC/DC. Me acordé, porque Messi hizo de Santo Pecador para el Barcelona. Primero porque con el segundo gol, el de Suárez, que propició con el brazo de Dios fue algo más que  decisivo. Fue santo y pecador. Pecó otra vez con el penalti a Gámez, que estoy seguro que Undiano Mallenco lo pitó porque había visto en el vestuario que el segundo tanto era el del brazo de Dios. Penalti, pero con penitencia extrema. Luego, al final, fue otra vez santo con el tercer gol.

Es este Santo y Pecador argentino el que salva o condena a entrenadores en el Barcelona. Hace años que lo santificó el papa Francisco por sus continuos milagros en decenas de partidos de fútbol. Es el santo más santo y pecador, que hemos visto en nuestra vida.

El Barça es puro anatema. No sabe jugar a nada. Deambula tácticamente con una pobreza de ateo convencido, con ese sistema que no existe de Luis Enrique. El Barça se parte constantemente, porque Rakitic es un media-punta y no de los brillantes. Iniesta vive su decadencia y apenas controla metros y lo de Busquets es el sinónimo de la caída más rápida a los infiernos. Con una pintoresca presión patética que tuvo que soportar en el segundo período, el desastre de Luis Enrique tuvo que soportar pasar más miedo que un "exorcista" ante la llegada inminente del empate. Pánico con el niño Torres en el campo. En cualquier momento el Atlético pudo empatar. Pero no llegó el córner salvador de Godín ni la ocasión de Mandzukic. Pero el espíritu "canchero", insoportablemente competidor para cualquier rival, volvió a resucitar en el Camp Nou, que se salvó gracias a sus Tres Sudamericanos.

Si se cree que el Barça ha encontrado la formula para ganarle al cholismo está sumamente equivocado. Lo veremos próximamente en la Copa, porque salvo error o milagro en el Bernabeu, el Atlético volverá a Barcelona muy pronto.

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