Conocemos extraordinariamente a los ‘hooligans’ de la prensa barcelonista. Mientras el viento sopla a favor y se gana todo casi todo, sin mentar a los árbitros, a la suerte, se suele decir que el Barça es el mejor equipo del mundo. Y punto en boca. El resto de equipos son puros vertederos de la mediocridad. Pero, amigo, cuando el viento sopla en contra y cuando el Barça está en medio de la tormenta perfecta, toda la caverna, como sátrapas o protectores del país o equipo, buscan un culpable. En este caso, seguro que irán a por la cabeza de alguien. Y me temo que no puede ser la de Messi. Como decía el inigualable Sam Peckinpah  ‘La cabeza de Alfredo García’ es la de Lucho , la de Luis Enrique.

Además, puede ser lo más razonable dada la situación actual del nefasto equipo de Messi, que se muere en este final de Liga. En este cuarto partido perdido, consecutivo y donde más se inflamó la vergüenza, Luis Enrique se quedó  como electrocutado en el banquillo. Sin ninguna respuesta táctica, individual o de cambios. Ni un cambio. Petrificado como una estatua de sal. Electrocutado. Le van a poner en la “silla eléctrica”.

No se puede ser tan soberbio y gris para espetar en la la víspera , tras haber caído en cuartos de final de la Champions, que “no quieres presumir o sacar pecho” por lo que has hecho. El otro día ya dije que un brillante se recupera de sus fracasos, pero un mediocre jamás se recupera de sus éxitos. El ejemplo no puede ser más claro con el caso de un Luis Enrique, que se ha beneficiado de la belleza del fútbol de Messi. Cuando este se ha marchitado, quizá con más problemas físicos de los desconocidos, cuestión de ganas de vomitar, de dietas secretas, algo que se deconoce… Luis Enrique se ha derretido como un arroz con leche a la asturiana. El técnico del Barça huele a quemado.

El Barcelona ha caído en la pendiente de los perdedores. Lleva cuatro graves fracaso seguidos. No marcan ‘Los Tres Sudamericanos’. Messi hizo su gol testimonial, pero desgraciadamente no sirvió nada más que para engordar su  historia, tal como hace el ‘Narciso’ Ronaldo.

El problema del Barça es que has perdido la frescura. Es un equipo ruina en lo físico. Se dice mala suerte cuando no se traducen las ocasiones en tantos, pero son síntomas de que estás agotado, incluso mentalmente. Llegas tarde en fracciones de segundo. Ni siquiera los nervios te dejan responder a tus propios estímulos. Psicológicamente, el Barcelona ha entrado en estados de “pánico” o vértigo al fracaso. El “sindrome Queiroz” del que hablábamos el otro día. Es una autopista hacia el infierno como cantaba el magnífico Bon Scott, que se quedó pajarito, “muerto de frío” en aquel Renault 5.

No, no se me olvida el Valencia. Enorme primer tiempo. Pako Ayestarán hizo que sus jugadores se supieran de memoria todos los movimientos azulgrana. Contó con la suerte, pero también con la mala. Desde la mitad de la segunda fase, el Barça era un muerto en estado de desesperación y Alcázer no supo rematar el lance. Tampoco se me olvida de que el Valencia venía de una semana para preparar la gran aventura del Camp Nou y el Barça estaba todavía sin demasiados fuerzas, tras la batalla del Manzanares.

Vuelvo a insistir que el nudo gordiano es Messi. Al mejor del mundo se le resguarda, jamás habla. Pero la caverna debería exigir una explicación del estado actual del jugador milagro, que ha dejado serlo. Es como si alguien, al superman del fútbol, le hubieran puesto ‘kryptonita’, que desde niño siempre me llamó mucho la atención, por el ejemplo

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Por Julián Ruiz en Abr 17, 2016

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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