EL MADRID DE RAMOS MATA SU MAGIA

Anuncios

SEVILLA FC 2 1 REAL MADRID

Zidane no puede quejarse de su suerte. Una vez más jugó a la ruleta rusa, con la variaciones tácticas, como si fueran las “Variaciones Goldberg” de Bach, pero en materia balompédica. Pero él no es Glenn Gould. El Madrid volvió a jugar como un equipo menor, con cinco defensas y, al final, su propio talismán, es decir Sergio Ramos acabó con el hechizo, la magia, su propia nigromancia.

Me alegro, porque hay Liga. Ya escribí el otro día que el Barcelona no había que darlo por enfermo terminal. Ahora, con esta herida vulnerable ni siquiera el Atlético de Simeone está descartado. Sinceramente, es bueno para la Liga,  para no perder el “suspense” maravilloso de la Premier.

Los mandarines le darán mucha importancia a la partida de la repelente inmunidad madridista. Yo no le doy tanta importancia, en un mundo en que el empate no vale casi nada. Suele pasar. No hay nadie que sea invencible. Ni siquiera Messi, que es de otra galaxia.

Si pienso que la indestructible moral del equipo de Zidane va a caer como la bolsa en el año de la crisis. ¿Puede que el Madrid entre en crisis?. Perfectamente. Para empezar, pesará cuando llegue el Celta en Copa, que ya demostró ser un equipo supersónico  al contragolpe en Valencia, justo donde juega  el partido que Zidane tiene en su nevera como seguro de supervivencia. Demasiadas casualidades.

No me gusta nunca hacer sangre en la herida de una derrota tan deprimente como la de Zidane en Sevilla. Pero los mandarines sostuvieron que en el Manzanares y en Nou Camp, Zidane era como un nuevo dios del olimpo, un maestro de la estrategia futbolística, cuando sólo fue un arrugado y temeroso técnico. Le salió bien frente al taquicárdico Simeone. Mientras que el empate en Barcelona fue un bollo, uno más del mago y el asesino de los hechizos, de la propia magia. El ínclito Sergio Ramos, que se vio superado por la presión, como vulgar mortal. No como un dios del olimpo.

En Sevilla, el Madrid de Zidane volvió a jugar como un equipo pequeño. Y casi le salió bien. Pero le falló la suerte y su propio miedo. Sinceramente,  es muy reprochable  que Zidane pretendiera  de un jugador rápido en el ataque, justo el que surtiera a los dos dromedarios futbolísticos que son Benzema y Ronaldo, que por castigar un puñetero penalti, ya se creía el Danton del fútbol. Un  sólo cambio, una entrada de un jugador rápido como Lucas Vázquez o el propio Mariano hubiera sido el cielo absoluto de Zidane. Se le olvidó que en el Manzanares y en Barcelona,  estaba Bale, el hijo del relámpago, el hombre que regó  para  su flor de la suerte, la enigmática Sábila, tan buena que era incluso hasta  imprescindible para los sacerdotes de Egipto del dios Amón, cordero de Dios.   

7
1

POSTS RELACIONADOS