REAL MADRID 1 3 JUVENTUS

No sé si el Madrid ganará por tercera vez consecutiva la Champion. Sería besar el cielo, impulsado por una ventosidad, pero lo que es denunciable su lamentable partido ante la Juve, que hasta que empató la eliminatoria, le dio un repaso individual, táctico y técnico al equipo de Zidane, el de la flor. A treinta segundos de un  final que se convirtió en una farsa, un sainete, una tragicomedia a lo Alberto Sordi, o como el neorrealismo de Vittorio de Sica.

Lucas Vazquez se cayó el suelo como si le hubieran disparado de la grada. Formula excelentemente siempre la función de un penal. Un Benatia que no daba crédito y… Buffon.

Fue el que mejor vió el penalti  de todos los mortales. Y explotó como el Vesuvio, hasta la guillotina de la roja. Me inclino a pensar que no lo fue, porque el que mejor  vio el trance se puso como el condenado a muerte por una decisión injusta. El criminal fue otro. Mister Olivier pasará a los anales de la historia de la Champión, como el “hombre que mató al histórico Buffon segundos antes de un  final y de penalti”. Los gritos de injusticia de los italianos se oirán desde Torino. Hay una frase  muy italiana: ”bestemmiare como un turco” (maldecir como un turco).

No se libra el pecado original italiano del miedo a perder. Llegada su gesta de empatar la eliminatoria, una gesta histórica y una vergüenza mayúscula para el peor entrenador táctico que ha tenido el Madrid en los últimos cuarenta años. Sin embargo, cuando la Juve tenía al Madrid con tres golpes de K.O., cuando un gol más valía doble se fue atrás cobardemente. Y tenía al genio de Zidane aturdido en la lona y sin casi poder levantarse y con la más humillante eliminación de su historia.

Zidane sólo sacó a Bale para parar a Alex Sandro. Nunca se le escapó, pero vivió así de mortificado y por la derecha, como castigo. Lo cambió por Lucas Vázquez y a la primera se escapó el tal Alex. Y por el lado derecho, sin salida, porque el “caballo loco” de Carvajal se perdía en la inmensidad ofensiva. Hay que ser como es  Zidane para no saber  que la Juve siempre hace lo mismo, centro al segundo palo del lateral derecho por Sciglio y remate de cabeza de Mandzucic. Pone a Carvajal para saltar con el gigante, cuando le saca treinta  centímetros. Dos goles le costó al Madrid el dolo, con la colaboración de ese pésimo meta que es Keylor Navas, que no sabe salir nunca y que encima regaló el tercero. Por no hablar del sistema de salida de “galápagos” típico de Zidane, con Isco como tortuga mayor del reino madridista. Una ignominia.

Muchos madridistas se rieron del Barça. Han acabado entre lágrimas, entre sollozos. Esos lloros de alegría, cuando lo tenías todo perdido. Y la comparación con Valverde no es homologable. El Barça perdió fuera de casa y el Madrid estaba en Chamartín, cantando tarantelas. Increíble. Me dio mucha vergüenza.

Zidane hace baratos a Bale, Modric, Kross, Marcelo, se fía de jugadores de medio pelo que son obedientes. Y todo con la flor de primavera que ha vuelto a nacer, aunque en esta ocasión con vergüenza, escándalo y denuncia  europea.

Me decía un amigo que “Dios es del Madrid”. Bueno, es Dios con un inglés de Northumberland, donde los ingleses y escocés se pelean por la frontera.

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Por Julián Ruiz en Abr 11, 2018

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.