NEYMAR ES UNA MENTIRA

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BELGICA 2 1 BRASIL

Adiós, America. Bendita Europa. Ni un sólo equipo del nuevo continente. Todos de ese viejo continente, que todavía reproduce el mejor fútbol del mundo. Adiós ante tanto populismo americano, que trata en graves dosis de dar sólo el “pan del fútbol” a sus pueblos.

Una vergüenza para Brasil, que sólo puede presumir de un juego de cara a la galería, que juega a un ritmo excesivamente lento, siempre superable con la velocidad de balón. Sólo comunicativo con la con los detalles técnicos, además muy personalistas e intrascendentes. Un juego que trata de dar un espectáculo para la galería. El ejemplo bellaco es Neymar. Me desconcertó como un niño me preguntó de sopetón: ”¿Qué significa tirarse?“. Me pilló a tercio cambiado. Y me contestó antes mi dudas: ”Neymar”. Hasta los niños ya saben que Neymar es un actor que siempre miente en el juego para ocultar una ausencia del talento que le quieren atribuir como fenómeno.

Neymar es una mentira inútil, humorística maliciosa para su propios compañeros. “La “mentira sospechosa” que empieza ser una falacia para muchos que no nos gusta nada, absolutamente nada. Despreciamos sus “toys”, su padre que le obliga a llamarse junior, cuando él no ha hecho nada en la vida, salvó contar dinero. Su marketing. Neymar es el Pinocho del fútbol, al que cada vez le crece más la nariz. En este último partido sólo buscó el penalti como engaño al árbitro. Ni marcó ni fue decisivo, porque siempre desaparece en las grandes ocasiones. Todo lo contrario de Hazard, el héroe de Bélgica, el héroe del increíble partido emocional de estos cuartos de final.

También hay que declarar que, sin duda, fue el mejor encuentro de este Mundial. Un torneo sorprendente, más por las caídas de los favoritos, que por un juego que se le pueda iluminar como brillante.

Roberto Martínez hizo un ejercicio táctico insuperable, que ridiculizó en el primer periodo a Tite, o “titere” de Neymar, como ya le llama la prensa brasileña. Ejemplar como Roberto adivinó un partido con siete jugadores en retaguardia y tres puntas maravillosos con el “increíble” Hazard, la potencia de nuestro fabuloso “king kong” Lukaku y el “cara de niño” de Bruyne. Pero a Martínez quizá le entró del vértigo del éxito y en el segundo tiempo fue como un velero con el viento en contra, ya que su equipo había perdido agilidad y conciencia del contragolpe.

Seguro que el cansancio pasó factura, pero también a Brasil, a pesar de sus primeros veinticinco minutos eléctricos, cuando trataba desesperadamente hincar el diente en la meta de Courtois, al que le vimos quizá en el mejor partido de su vida, como si quisiera rogar un regreso a Madrid, en busca de sus hijos.

El otro día se cabreaba conmigo una amigo por comparar a De Bruyne con Zico. No lo dije como comparación. Simplemente, con el físico y su velocidad sin potencia del enorme jugador brasileño, no tendría las trascendencia de De Bruyne. Confirma que el fútbol es mucho más difícil en estos tiempos. Cualquier tiempo pasado siempre ha sido peor. Y es que creo firmemente que ningún futbol anterior es mejor que el actual. Es absolutamente imposible. Ejemplo es el puro reflejo fútbol americano, que se ha quedado en un apagón de estrellas que sólo quieren saber cuanto les pagarán en Europa y cuando los clubs ricos podrán tirar el dinero.

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