NI CON MESSI, PERO CON TER STEGEN

BORUSSIA DE DORTMUND 0 0 BARCELONA

NI CON MESSI, PERO CON TER STEGENEn el fútbol actual, la personalidad de cada equipo es un fiel reflejo del espíritu de su entrenador. Valverde es un hombre serio, melancólico, casi lúgubre y su impronta la refleja el equipo. Un Barcelona sin fibra, sin pasión. Ni siquiera desvelado por la maravillosa irrupción de Ansu Fati.

Ni con Messi, pero con Ter Stegen, el triste Barça salió vivo de milagro. Un penalti que paró milagrosamente el meta alemán, un larguero y cuatro ocasiones, tres de ellas mollares de Reus, podían haberle dado un resultado de escándalo para el Dortmund.

Pero la pelota nunca entró en la meta del milagroso Ter Stegen. Salvado por la suerte, salvado por los ataques excesivamente taquicárdicos de un Borussia que siempre llegaba a la meta barcelonesa, como alma a la que persigue el diablo.

Le cuesta un mundo al Barcelona actual mover la pelota como antaño, incluso cada día que pasa hace peor la maravillosa presión al enemigo de antaño. Es más que probable que el nudo gordiano se represente por la irrupción de De Jong, que ha descompuesto tácticamente la simetría que busca Valverde.

Ha intentado incrustarle por el lado derecho del centro del campo. Pero el holandés no traga. No encuentra su posición. Son demasiados años de ser el epicentro del Ajax. Eso lo sufre Busquets, que al final pagó las culpas del desproporcionado caos en la construcción barcelonista. Todo para acabar con quien tiene que jugar en lugar de De Jong. Es decir, Rakitic, el denostado injustamente.

NI CON MESSI, PERO CON TER STEGENLuego está la posición de Griezman, que no sabe ni el mismo ni donde juega. Ni lo sabe Valverde si es un media-punta, un ariete o un estorbo. Lo cierto es que le deja a Suárez con menos espacio en el área, a pesar de ser el único que tiene la verticalidad y el perfume del gol.

Creí que con la salida de Messi, con la perfección de Ter Stegen el Barcelona se redimiría en los treinta últimos minutos. Fue más calvario. Porque Messi, con algún kilo de más, sin ritmo de competición, con más años, no podía ser el salvador eterno. Una pena.

El Borussia de Dortmund siempre jugó precipitadamente, con mucha verticalidad, pero le falló Alcázer, que sólo tuvo una oportunidad y muy rara. El equipo de ese bueno entrenador que es el francés Lucien Favre, a veces se confunde con su propia velocidad de juego. Fue un potro desbocado, intenso, machacador, pero sin la suerte del ganador, quizá excesivamente nervioso por soñar con ganarle al Barcelona.

El equipo de Valverde no sabe ganar fuera del Camp Nou. Es más: parece otro equipo. Un conjunto sin la vena futbolística clásica del Barça de los mejores años.

Yo creo en Ansu Fati. Ni más ni menos que por culpa del actual eclipse de estrellas tenemos que creer en el fenómeno de Guinea, aunque sea demasiado pronto. Aunque con tan pocos años, aún no pueda ser la alegría de un equipo excesivamente deprimido por un entrenador tan lúgubre como Valverde.

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