QUÉ DIFÍCIL ES JUGAR CONTRA ONCE

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El mediocre y gris Luis Enrique ha metido en el túnel del “síndrome Queiroz” al gran Barcelona. Su estéril metodología, su mezquino intelecto ha logrado que el equipo azulgrana sea un equipo anodino y lo que es aún mucho peor: está exhausto físicamente, al borde de la asfixia general y se ha convertido en una máquina de perder partidos.

Tras el aparatoso éxito de la temporada anterior, cuando fue Messi quien  lo ganó todo, este personaje que se dice entrenador volvió a cometer el típico error de que un genio se recupera de sus fracasos, pero un mediocre jamás se recupera de un éxito.

Con una planificación obtusa jamás ha rotado al equipo titular. Messi le exige jugar. Suárez le condiciona sus goles si no juega. Neymar dice que habla catalán y que se le necesita. Iniesta no puede sentarse en el banquillo. En resumen, el cansancio ha comprometido a este equipo a un escaparate de tortura. Los Tres Sudamericanos ya no pían. Piqué está con el periscopio y, mientras tanto, el Barça se sumerge en la neblina del “síndrome Queiroz” , cuando el técnico madridista fundió al Madrid en el mes de marzo y dejó al equipo sin un título. No digo que vaya a suceder, pero el Barça se ha metido en la irreversible espiral del pánico al fracaso. Lo puede perder absolutamente todo. Luis Enrique no se fía de sus suplentes. Pero él es Arda Turán, Sandro, Aleix Vidal, Mathieu, Munir y hasta Sergio Roberto. Mediocridad comparados con los titulares.

El Atlético de Simeone, una vez más, le dio una exhibición de personalidad, de carácter, de orgullo y de presencia, con un equipo que es de dudosa reputación individual. Esta vez, por fin, el árbitro no les dejó con diez. Sin embargo, Rizzoli no expulsó a Suárez- este Hannibal Lecter es de cuidado- al darle un codazo a Godín. Tampoco el amigo de Collina expulsó a Neymar por una agresión sin balón. Y, encima, en el penalti de Iniesta ni siquiera le expulsó. El Barça debió haberse quedado con ocho jugadores en el campo, en medio de un histerismo general. Sí, es verdad que no pitó un penalti a Gabi, pero el tiempo estaba traspasado y el Barça debía jugar con ocho.

El caso Neymar es patológico. Es un jugador mentira tras otra mentira. Se le ha vendido como el nuevo Pelé y ni siquiera llega a Robinho. Es problemático. Gana una barbaridad. Encima  sólo ha generado  problemas fiscales, institucionales y de prestigio al Barcelona. Es un desastre y, encima, a pesar del contrato no habla catalán y exige la Sagrada Familia de Gaudi  para renovar. El fútbol actual genera monstruos que debían ser estudiados por una sociedad racional. Pero eso no existe.

Un amigo barcelonista me ha puesto el siguiente mensaje.”Luis Enrique, vete ya”. Pero no sólo eso. Le he respondido. “¿Dónde está Messi?”. Es el nudo gordiano del “impasse” azulgrana.

Al final, Arbeloa tenía razón: “Que difícil es jugar contra once”.

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