¡QUÉ VERGÜENZA DE FRANCIA!

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Para destacar la decadencia de Francia en los últimos años, existe el fantástico libro La France qui tombe (“La Francia que cae”), firmado porNicolas Baverez, que mi amigo Jean Pierre me recomendó hace unos años. Más o menos aventuraba el estado de anemia, de amnesia, que ha acabado en Hollande, un mediocre político de bragueta caída, que no puede con una Francia asolada por el terrorismo, los sindicatos y hasta por el propio Deschamps, como si este fuera una prolongación de la Francia inaudita y mediocre.

Hasta Platini, Villar y Collina se relajaron en la designación del trencilla de la final, porque no había ningún problema con una mediocre Portugal, con un decadente Ronaldo y la ‘grandeur’ de Griezmann. Incluso con la lesión, extraña lesión que me huele sospechosa de Cristiano, Francia se dejó ganar la final más fácil de toda su historia. Los bleus son una ‘vergüenza’ para todo el mundo y me alegro que el débil gane al poderoso. Ese gallo portugués que quiere multar el mediocre comisario europeo, que es francés y otro inútil.

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Deschamps pasa junto al trofeo en el palco de Saint-Denis. (Foto: Reuters)

Que Portugal gane con un gol, de Éder, que jamás mete un gol y con todos los monstruos físicos como Sissoko, Matuidi, Pogba, etc parece una fábula increíble, como una de La Fontaine, mi favorita, justo la de la rana que quiso ser un buey. El curioso anfibio quiso hincharse tanto como el bovino que había visto en una charca, hasta que reventó. Como Deschamps, como Hollande, el mundo está lleno de mediocres que por envidia se quieren mostrar como grandes líderes de su propio entorno.

También fue vergonzoso ver a Ronaldo en la prórroga, cuando delante de las cámaras quería todo el protagonismo. Como si él hubiera ganado la final. Vergonzoso, ridículo y criticable su comportamiento, tratando de robar el protagonismo a sus compañeros, que habían luchado hasta la extenuación, para apuntarse el “narciso” el título, como ocurrió en Milán en la Champions, al tirar el último penalti. Y le darán el Balón de Oro, que es lo único que quiere, cuando el éxito de Portugal creo que lo vio imposible en los primeros 15 minutos  y sospecho, tan sólo sospecho, de que en realidad se quiso ir del partido.

Por lo menos ha propiciado el beneficio de la duda. Me creeré la lesión de Ronaldo con un diagnóstico médico. En cualquier caso, su histrionismo de actor barato, su comportamiento en los minutos finales del título, como si hubiera secuestrado el título de héroe, me parece absolutamente indignante para el orgullo de todo un país.

Como resultado de la gran tragedia francesa, con Deschamps como gran protagonista, Pogba vale la mitad, por culpa de su seleccionador y de la posición que le ha colocado en el campo. Y que ese mismo sujeto, por no decir otra cosa, prefiera a Giroud y Gignac antes que Coman y Martial es la manifestación más patética de su mediocridad. Un seleccionador inaudito, que ha tirado a Francia por un barranco, en medio de la gran incertidumbre  terrorista, política, económica y laboral, que azota a La France qui tombe. Ya no se puede escribir que “yo quiero ser francés” nunca, jamás. Prefiero ser español. Sin Del Bosque, claro.

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