Cristiano y Bale se abrazan sobre el césped del Coliseum. | REUTERS

No recuerdo que Casillas tuviera que detener ni un solo disparo del Getafe. El detalle sugiere que el Real Madrid hizo un partido muy serio, definido, poderoso. Dicen que soy quisquilloso, demasiado. Pero lo cierto es que el lance guarda otras lecturas. Sobre todo, que el Getafe se convirtió en un pacífico oasis, un pequeño paraíso, en medio del desierto de fútbol y resultados en que se había metido el equipo blanco. 

Un Getafe deplorable. Ultradefensivo, rácano, mal plantado en el campo y, desde luego, con síntomas de equipo de Segunda División. El rey de los aduladores de los periodistas, el inefable Quique Flores habla mejor que entrena. Es un predicador del fútbol tramposo, entre retóricas y camuflajes.

Ese oasis en Getafe provocaron un par de jugadas fantásticas de Superbenzema. Sigue sin marcar, con una brújula absolutamente imantada, pero mientras que mantenga los números abismales de Ronaldo, el Madrid se conformará. Un Ronaldo que parece sin poder recuperar la forma, pero que suple sus deficiencias con su hambriento sentido del gol. Le da igual todo. No es como Luis, con aquello de "ganar, ganar y ganar". El fútbol de Ronaldo se convierte en "marca, marcar y marcar". 

Cómo cambian Isco y James cuando se enfrentan ante equipos tan débiles y sin imaginación como el Getafe. Se liberan de presiones trabadas, pueden jugar 10 o 15 metros más adelante y, como no existe ambición ofensiva del Getafe, ni siquiera tienen que recuperar balones. Pero siguen sin ser rápidos y con su sentido de quiebros y regates, paran todos los intentos de contragolpe rápido, detienen la perpendicularidad de Bale y Cristiano, sobre todo. Los ataques se convierten en cansinos y aburridos ataques en estático. De ahí que no llegara el primer tanto de Ronaldo hasta bien entrada la segunda fase.

Los finos analistas sentirán que las tierras se abren a sus pies. Llevan semanas y semanas opinando que la crisis es del Madrid está provocada por el cansancio de los jugadores, porque Ancelotti no hace cambios. No por culpa de una deficiencia táctica supina. Resulta que no es problema de cansancio, vaya por Dios, simplemente que Ancelotti sólo busca "oasis virginales" como el  de Getafe, porque Ancelotti no se puede equivocar. Es el "papa italiano del fútbol".

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About the Author

Por Julián Ruiz en Ene 18, 2015

Julian Ruiz, periodista deportivo, ingeniero musical y productor de discos. Como periodista trabajó durante más de 11 años en el diario Marca. Actualmente es colaborador habitual del periódico El Mundo.

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