UNA LIGA MANCHADA

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Luis Suárez ha escanciado el cava en el trofeo de la Liga, pero en una plata oxidada, ennegrecida, manchada, como tiznada de putrefacción. Más allá de los 19 penaltis a favor del Barcelona, los 11 expulsados en equipos rivales, la insolencia y el oscurantismo de los árbitros que castigaban al Madrid, existe una sensación general de que esta Liga ni se parece a las que ganaba brillantemente Messi, con Guardiola. Ni siquiera a la del año pasado con el inútil técnico Luis Enrique. Es una Liga ganada por un solo punto, con el Madrid castigado por los fantasmas y el despropósito de la dictadura de Sergio Ramos y Ronaldo, a los que no les gustaba su entrenador, el indómito Rafael Benítez. ¡Cuántas jornadas perdidas por la insolencia de los capitanes!

Tampoco les va a gustar a los capitanes del infierno que Zidane no gane nada. El Madrid depende del ente del cholismo y ya sabemos que Griezmann resolvió la papaleta en Chamartín, con la derrota más miserable de Zidane. Milán puede ser otra amenaza para el salvavidas que se ha encontrado Florentino Pérez para el final de temporada, que no la disimula ni la final de la Champions. Zidane parece asegurado, pero siempre será un rehén de los caprichos de Ramos y Ronaldo, que han convertido al Madrid en una fábrica de pesadillas. Ronaldo, ahora, tras su dubitativo resumen de lesiones finales, es como el ‘sombrero loco’ de ‘Alicia en el país de Chamartín’.

Era prácticamente imposible que el Barcelona no ganara la la Liga. Se hubieran tenido que suicidar ‘cleptómanos’ futbolísticos como Gaspart y Sánchez Arminio. Además, ya no está Messi, pero está Suárez. Más del setenta y cinco por ciento de que esta Liga manchada la haya ganado el Barcelona es culpa de Suárez, porque poco vale ser el rey azulgrana si no hay apoyo coyuntural.

¿Saben qué ha sido lo mejor de esta Liga manchada? Que haya tenido algo de fuste, un poquito de emoción hasta la muerte de los partidos. Aunque las cartas estuvieran marcadas decididamente, aunque el Barcelona del pésimo Luis Enrique haya llegado con el agua al cuello. Y lo que es peor, con Messi, de paracaidista, sin la resolución venenosa de otros tiempos.

Luego está el tercero en discordia, el Atlético de Madrid, gran convidado de piedra. El ‘cholismo’ espera la gran revancha de San Siro. Simeone es el nuevo San Siro, famoso porque con su saliva resucitó al mirlo de un niño. Prodigioso milagro, fácil en cambio para el Cholo. Su ‘mirlo’ debe de ser sin duda su querido niño Torres.

Zidane, el relicario, ese improvisado Cid, el gran profeta de Florentino, ya no es tan milagroso. Ha perdido su primer gran envite, aunque retiene sus propias jaculatorias. Su Zeta no ha sido la de milagro. También sabe perder envites decisivos.

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