TOTTENHAM 3 1 REAL MADRID

Ignoro lo que pensará Florentino sobre el momento actual del Real Madrid, pero el presidente supongo que deberá tener un proyecto de revitalización, en un momento de catarsis severo, con un equipo – dicen que el mejor del mundo, los vasallos blancos-  en estado de coma futbolístico, sin fibra y con muchas arritmias en su juego.

Estoy seguro de que no querrá ni mucho menos enemistarse con Zidane y cuanto menos quitarle de su puesto, ahora, que el francés se encuentra en una nueva silla eléctrica, como si los tiempos de Del Bosque se repitieran, tras dos Champions, por  permitir el egocentrismo de unos millonarios veinteañeros que no asimilan su fama, su dinero y su soberbia. Y, desde luego, por la mediocridad de Zidane, que ha engañado a todos los pelotas de La Casa Blanca, como los verdaderos culpables de haber deificado un equipo con demasiado lastres, sin consideración fútbolística, sólo subidos a una cresta de una ola tramposa. Me duele, porque me han perseguido, me han machacado desde que predije la crisis desde el primero momento que ví al Madrid endiosado y que no podía con el Levante, con el Valencia y hasta con el mismo Betis. Pero para los pelotas de La Casa Blanca todo era miel y leche, maná venido de cielo de Marsella. Por eso, me duele. Lean lo he dije, por favor. Está ahí, en internet. Porque para los ejes del mal blanco yo soy Lucifer. Un ángel caído. Florentino, desde luego, no se va cargar a  su escudo radioactivo, su bomba agónica cuando tras el desastre de Ancelotti y el abismo de Benítez, Zidane llegó como el nuevo Moisés. Pero en realidad  era un entrenador con muchas sombras, entre inexperiencia y quizá mediocridad.

Como me decían Kubala, Luis Argonés, y hasta el bombero torero, un cosa es jugar maravillosamente al fútbol y otra enseñarlo, soñarlo, manejarlo, con estrategias futbolísticas que necesitan algo más que solo manejar con mano izquierda a los Dioses que tienes en el vestuario. Además, quiero subrayar, que dada mi anglofilia por el fútbol del Tottenham remarcaré que el Tottenham de Pochettino jugó con demasiado miedo, como si se enfrentara a un mito, ante El Cid campeador, que realmente jugaba lento, sin velocidad de balón, como el muerto del film con Charlton Heston. Tener que soportar los olés de Wembley, en plena momificación madridista, como una humillación al  actual campeón  de Europa fue como si me estallaran   los oídos, como rayos del diablo. Y es que el Madrid ha caído en el infierno de la mediocridad. Ni héroe ni cobarde. Me da vergüenza de ver jugar a Benzema, el ejemplo más claro de nepotismo.  Como resulta rídiculo el deambular al narciso Ronaldo, sólo pendiente de su belleza estética, con saltos de malabarista absurdo. Por no hablar del jugador del fútbol sala como es Isco. El gran ejemplo donde los pelotas  de la Casa Blanca han llevado al Madrid irreal, falso, proclamando a Isco como el próximo balón de oro. La carcajada europea es épica. Sin insistir en la falta de de concentración defensiva del estrambótico capitán Ramos.

Wembley fue como Waterloo. ¿o, no, monsieur Zidane, mejor entrenador del mundo?.

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Por Administrador en Nov 02, 2017