ZIDANE: EL GENIO DE LAS PRORROGAS

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REAL MADRID 4 2 KASHIMA ANTLERS

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La gran alegría madridista. La felicidad blanca. Todo por Ronaldo. Recuerdo que en el Mundial de Estados Unidos, los yankis solicitaron el aumento del tamaño de las porterías para tratar de resolver el aburrimiento, el sopor que producía en los pocos aficionados al “soccer”  el cerocerismo y otras batallas. Querían que el gol, es decir, el dinero interviniera en el Wall Street del fútbol. La FIFA se negó, pero ya veremos.

Así que jugadores como Cristiano Ronaldo se agrandan con el dinero-gol. Su moneda de cambio y la fuerza de su valor. Gol es más que el balón de  oro.  En el fútbol todo puede ser debatible. La justicia o injusticia del juego. Pero que no se olvide que el vencedor se dirime por pura aritmética. Ronaldo hizo un partido horrible, pero “hizo tres goles”. Es el becerro de oro de los levitas, del que hablamos el otro día. Aristóteles no estaba equivocado cuando hablaba de de la praxis y, sobre todo, la poisesi, algo transitivo, como el simple gol.

Se me ha acusado de parcial, de injusto sobre mis percepciones sobre Zidane. Es un disparate que se fiscalice cuando el Real Madrid tácticamente es un desastre. Como cuando se le ocurrió poner tres defensas y magnificar el juego japonés. Nadie me lo puede negar. Por no hablar de los cambios técnicos del “lucky man”. El cambio de Lucas Vazquez para sacar al jugador lento, fuera de escaparate como Isco, fue sencillamente escandaloso.

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Pero todo da igual. El hado de Zidane, el sino de Ronaldo convierte al Real Madrid al equipo con más fortuna del mundo. Todas las finales con drama, prórrogas, casualidades, accidentes, acaban como siempre. Con  el Madrid  que amasa títulos y felicidad. Dramas que se resuelven con sonrisas  de alegría y que tapan las desnudeces de un equipo millonario con excesivas dudas. 

Era inverosimil, esperpéntico y ridículo que el Madrid, el club más rico del mundo, verle durante tantos minutos como un boxeador sonado. Todo un peso pesado, escondido en las cuerdas. Y se salvó, porque el que le pegaba era un peso pluma, un enemigo siquiera con un gancho decente. Pero que fue incluso superior en muchos minutos de los noventa de la final,  el “doshu” nipón,  el líder del partido en sus artes marciales futbolísticas. Y  también porque un arbitro de Zambia prevaricó con la segunda tarjeta de Sergio Ramos.

Es el tercer título consecutivo de la última era de Zidane. Los tres con prórroga. Dos sin penatis. Maravilloso. Y se diga lo que se diga, como decía Aristóteles, las matemáticas son siempre las únicas que dicen la verdad. La aritmética del gol. Aunque el Madrid volvió a ser como Houdini, un volatinero en la bahía de Tokyo. El madridista se queja  y con razón de que no le gusta tanto funambulismo en la herradura de Zidane, tanto suspense. Y como gran epílogo, los clubs del fútbol español son los que mandan en el Mundo de la aritmética.

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